Entre febrero y marzo, el paisaje se transforma con el despertar de los almendros. Inspirada en este espectáculo efímero, esta fragancia te invita a un estimulante viaje sensorial: un bálsamo floral que disipa el cansancio y te envuelve en una profunda calma.
Su salida es romántica y elegante, protagonizada por las sutiles notas de flor de almendro y rosa blanca, que encuentran su equilibrio en la ternura del lichi. En su corazón, la suavidad de la peonía y el encanto de la fresia se entrelazan con el toque cálido y ligero del lirio de los valles y los tiernos matices de la almendra. Por último, la fragancia se asienta sobre un reconfortante fondo de ámbar y hoja de cedro, donde la magnolia despliega un aura inconfundible de gran carácter.