La costa balear respira a través de una vegetación que concentra los aromas más puros de la tierra, el viento, la lluvia y el sol. Inspirada en las mágicas puestas de sol sobre los acantilados, mientras se brinda con un gin-tonic en buena compañía, esta fragancia te invita a un viaje hacia el equilibrio: una armonía perfecta entre frutos del bosque y notas amaderadas que te ayudará a encontrar tu centro y tu serenidad.
Su salida es verde y, al mismo tiempo, deliciosamente especiada, marcada por el carácter inconfundible del enebro. En su corazón late la máxima elegancia de la paleta de un perfumista, gracias a la sofisticada fusión de la pimienta negra y la raíz de lirio. Por último, la creación se asienta sobre un fondo de espectacular riqueza, donde el almizcle aporta densidad y suavidad a la vez, envuelto por el contraste de las maderas: la dulce calidez del sándalo y el magnetismo aromático del cedro.